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Fútbol

16-05-2018

VOLVIÓ PEDRO, EL DE LAS PAPAS

El regreso de Troglio a la dirección técnica de Gimnasia despierta muchísimas sensaciones entre los triperos. Acá, un relato que explica por qué Pedro es el hombre indicado y siempre siembra esperanza.

Volvió. No es la primera vez que lo hace. Es la tercera. Y volvería una cuarta, una quinta, y muchas veces más. Él es así, nos ama. Y no importa dónde esté, siempre va a querer volver. Además, ya lo dijo: sentarse en nuestro banco es como dirigir en la Champions League. ¿Esa frase no te resume todo, tripero? ¿Todavía no sabés quién es? Entonces dejame que te diga: vuelve cuando las papas no solamente queman, sino que están prendidas fuego y llenando la casa de humo. En ese desastroso ambiente te abre la ventana. Te apaga el horno. Te convence. ¿De qué? De que lo importante no es primero morfarse las papas. Es sacar el humo de ahí porque te asfixiás y vas a dejar de respirar. Después, te lleva a lo práctico, a la realidad: por el momento es la comida que hay, pero si lo aguantás, la próxima él te ayuda y vas a comer más rico. Lo mejor es que ya sabe todo sobre tu cocina. La conoce de memoria de todo lo que estuvo arreglando tus quilombos.

Aun así, a pesar de todas las adversidades, pone una sonrisa enorme al pisar tu casa. También pone su espalda para tolerar lo que sea. Es más, llega un momento en que ya no sabés cuál de las dos cosas tiene más grande. No obstante, si te tiene que cagar a pedos lo va a hacer. No creas que le va a temblar el pulso, es un hombre muy temperamental. Sobre todo si ve que las cosas no funcionan y no estás dejando la piel. A los tibios y a los boludos los deja de lado. Además viene de otro lugar, te hace un favor, estuvo la mayor parte de su vida arriba de un colectivo o de algo con cuatro ruedas (Antonio, su papá, lo sabe). Lo mínimo que deberías mostrarle es un poco de huevos.

Gritó, festejó y lloró en una especial tarde cordobesa. Llegar a ese día, en esa provincia, le costó mucho. Pero no se quedó con ese logro, sino que siguió persiguiendo el deseo de verte en la cima, sin importar el costo. ¿Sabés por qué? Porque está enamorado. Siendo rojo se enamoró de vos, que tenés sangre azul y blanca. Cometió el pecado más grande en el mundo del fútbol. Se enfermó, y ahora su sangre es igual a la tuya. Lo hizo por vos, resignando mucho más que dinero, aunque algunos digan lo contrario. Hasta se aguantó que un día alguien que vos elegiste lo eche peor que a un perro. Incluso luego de haber tolerado malos tratos y falsas promesas; de haber sido padre, director técnico y representante. De haber sido un verdadero paraguas para Gimnasia.

Hoy, que tropezaste con la misma piedra, lo llamaste. Mejor dicho, lo volvimos a llamar. Incluso los que no lo querían antes, admiten la necesidad de unirse al pedido. Los contestadores de las radios, las tribunas y cualquier índice de medición coreaban su nombre. No fue cuando, en otra tarde cordobesa, un Lobo carente de alma y orgullo, le decía adiós a un Colorado. No sabría decir desde cuándo. El murmullo de sus iniciales los llevaba una brisa desde antes. Sólo que fue creciendo progresivamente. Hasta que gritaste su nombre.

Volvió. Atendió el teléfono y dijo que sí. Sin dudar, sin preguntarle a nadie, sin siquiera escuchar a otros. Con el mismo amor de siempre. Con esa terquedad que lo caracteriza, porque verdaderamente tomar las riendas ahora es complicado. Siente que puede ayudarte. Que puede salvarte cualquier comida que quemes. Si él puede, no se va a quedar en su casa con los brazos cruzados. Si se comía las uñas por venir a ayudarte, por volver a darte esa esencia que siempre te caracterizó, por pegarte un cachetazo para despertarte. Para que vuelvas. Únicamente alguien que te ama lo hace
¿No estará cansado de llegar siempre así? Seguramente. Sin embargo, sabría que esto no sería Gimnasia. Hasta le resultaría raro. O quizás no, quizás ya llegó a una etapa donde no le importa absolutamente nada lo que tenga que hacer. Es un hincha más. La diferencia más grande radica que en lugar de estar mirando desde el tablón, lo hace desde la línea de cal, puteando a lo loco, rompiéndose las manos y gritando como un desaforado cada gol.

Ay... también sabe un poquito más de fútbol que los que van de vez en cuando a decirte cómo deberías hacer las cosas. Por resultados, por carisma, por ser discípulo de un verdadero referente como lo fue Griguol. De un verdadero chef, de un verdadero maestro. Por eso creo que sabe un poco más sobre qué hacer con la pelota. Recordá que en esa cocina, por la que pasaron tantos hombres en los últimos once años, no hubo nadie como él.

Volvió el de los rulos, volvió Peter. Volvió el que nunca se quiso ir. Ahora, a apoyarlo, no te quejes. No digo que no te guste, como a diferencia de muchos. Pero siempre alentá, andá a la cancha y hacelo. Dale una mano al que agarra lo que sea por vos.
Volvió. Volvió Pedro, el de las papas (que siempre queman).


Agustín Ávila Ruscitti

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