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Fútbol

26-12-2018

Trabemos por Fito

No debemos permitir que regalen a nuestro capitán, amén de que gran parte del club se sostenga gracias a estas ventas. Eso no es lo importante ahora. No es el momento y no debemos permitirlo. Aprendamos a cuidar a aquellos que nos cuidan siempre. OPINIÓN

Trabó, y trabó al igual que siempre. La pierna fuerte, transpirada, tajeada por algún cruce con un rival. Pero trabó, puso el botín y se llevó la esfera de cuero. ¿Hacia dónde? Hacia adelante, obviamente. Ni se lo pensó, su cabeza estaba enfocada en protegernos, así que simplemente comenzó a trasladar la pelota lejos. La agarró, casi como con la mano, y se puso a correr buscando a sus compañeros para continuar con la jugada. Para que lo ayuden a alejar el peligro del área propia, e intentar mantener el cero en el arco. Él es un cinco de “marca”, de esos que no les importa nada y son capaces de cambiar botín por cabeza si se da la ocasión. Es el patrón de la media cancha, un fiel guardián que agarra la lanza y nos defiende como pocos.

Él cuida a Gimnasia, porque es el encargado de hacerlo ¡Y más bien que cumple! Se lleva puesto a todo el mundo si es necesario, imponiéndose a pura presión. No obstante, esa tarea que desarrolla dentro del campo de juego no queda solo ahí. Continúa también afuera del mismo. La perpetúa en cada arenga, en cada declaración a la prensa, en cada foto que no le niega a nadie. Por eso es ídolo. Le pese a quien le pese… lo es.

Su nombre es Fabián Rinaudo. Es un caballero, el único que queda en el mediocampo tripero, probablemente el último. Honorable, con la espalda siempre firme y la camiseta bien adentro del pantalón. Chapado a la antigua, respetando las antiguas normas de vestimenta. Pero también (como los de vieja guardia) respetando el honor de la palabra, jactándose de su valor y poderío. Porque el caballero, el verdadero caballero, hace de toda palabra sinónimo de acción. En este fútbol que vale tan poco, en que todo es ganancia y negocio, aquel que cumple lo que promete desecha por el inodoro toda la basura capitalista. Lamentablemente, eso es algo que molesta no a muchas, sino a muchísimas personas. ¿Qué gran coincidencia, no? Dos cosas típicas en los hidalgos: cagarse en el dinero e incomodar a aquellos que se guían sólo por lo que trae lo material a la vida.

Por otro lado, la jugada continuó, como continuaron una y mil jugadas en la historia tripera. A pura presión y sacrificio. No obstante, sabemos que el sacrificio en nuestra institución es distinto al de muchas otras. Es un sacrificio sin ningún placer más que el del cariño de tu gente. Esto lo entiende cada tripero, sabemos que las satisfacciones que se nos dan son puramente espirituales. Ser hincha de Boca o River es muy fácil. En cambio, ser hincha del Lobo no es fácil en lo absoluto. Por lo que imagínense, además de ser hincha, ser hincha y jugador. Hay que tener los genitales verdaderamente ubicados donde corresponde. Por eso creo, al igual que muchos, que no es casualidad que este hombre por ahora sea el capitán de nuestro equipo. Y qué lástima me da tener que emplear ese “por ahora”. Dan ganas de llorar, o gritar, o canalizar el enojo de la forma más sana posible. Porque de nuevo, aquellos que dirigen los destinos del club, regalan el patrimonio más sagrado. Obsequian el verdadero capital, el simbólico, el que realmente vale. Quizás, esta vez, lo hagan con algo de conocimiento de causa… ¿O no está más sentado en la mesa grande un tal Roberto Depietri?

Mientras tanto, el hombre de la cinta sigue ahí, de pie, recuperando el aliento. Agacha un segundo la cabeza, con las manos en jarra sobre la cintura, respirando hondo para seguir transpirando el honor que le corresponde a la camiseta. Luchó todo lo que pudo, como el fiel guerrero que es y que siempre va a ser… y lo va a seguir haciendo. Poniendo su sangre por sobre todas las cosas, con esa hermosa sonrisa que se le dibuja cuando le preguntás lo que significa la combinación de estos dos colores. Los caballeros, aquellos que dejan verdaderamente la piel, lo hacen con una sonrisa. Y Fito tiene una inigualable. Puesto que, para ellos, son lo que son gracias a lo que creen deberse. Su agradecimiento no es otro que el que se le permita desenvolver en el lugar que ama. Él ya ha dicho que esta es su casa y que ama estar acá. Una casa que por ahora está cayéndose a pedazos. Aun así la adora, y siempre lo vas a ver corriendo por ella como cuando era un pendejo, o mostrándola como la mejor del mundo cuando le preguntan. Porque un caballero no es sólo aquel que honra con su palabra, sino aquel que también sabe emplearla. Y al capitán se lo ha escuchado en más de una ocasión hablar muy correctamente, con una fineza e inteligencia recalcitrante. La administra de una manera que llena de orgullo, que realmente hace entender la razón por la que es él el encargado de representarnos ante el resto del mundo.

De repente Fito no está más ahí, está de nuevo corriendo, poniendo la pierna en otro pedazo del terreno de juego. Marcando de nuevo en otra jugada que puede lastimarnos o pareciera hacerlo. Se fue, salió de ese lugar para robar la pelota y meter presión, para protegernos a nosotros, para cuidar a Gimnasia. Lo hace y lo ha hecho siempre, y lo mejor es que parece no cansarse. Para nuestro icónico cinco, nosotros somos “como su vieja”, algo que realmente es hasta comprobable, ya que nos quiere y nos cuida cómo la misma. Ahora nos toca a nosotros devolverle un poco el favor. Aunque él crea que no le debemos nada a cambio. Más allá de todo lo que se pueda decir, debemos hacer algo más que corear su nombre en la tribuna. No debemos permitir que regalen a nuestro capitán, amén de que gran parte del club se sostenga gracias a estas ventas. Eso no es lo importante ahora. No es el momento y no debemos permitirlo. Aprendamos a cuidar a aquellos que nos cuidan siempre. Rinaudo no es eterno, algún día se irá. Pero cuando lo haga tiene que hacerlo de la forma que corresponde, por la puerta grande, proporcional a la garra que puso siempre. Hagamos un esfuerzo, vamos, que parezca que lo merecemos.

Agustín Ávila Ruscitti

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