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Fútbol

28-12-2018

LE PONGO UN DIEZ

Gimnasia vendió a Fabián Rinaudo por un millón de dólares a Rosario Central. Una mancha más a una gestión que deja muchísimo que desear y que tropieza a cada decisión de Gabriel Pellegrino. El Lobo pierde no solo en lo futbolístico sino también en lo que respecta a imagen, identidad y demás. OPINIÓN

Regalito de fin de año: la decisión de Gabriel Pellegrino de vender a Fabián Rinaudo no cuadra con ningún tipo de lógica. Pellegrino se acostumbró a hacer y deshacer a su antojo, a capricho y deseo, como si el club tuviera forma de empresa donde uno decide y el resto acata órdenes.

Días atrás, el presidente del Lobo gritó sus intenciones a viva voz por radio. Palabras más, palabras menos, y con eufemismos baratos, el mensaje fue claro: puse de la mía para traer a Rinaudo y ahora la quiero recuperar. Y la gente lanzó su consigna: #FitoNoSeVa fue primera tendencia en las redes sociales. En vano.

La historia se repite: cacería de ídolos. Lo hicieron con Chirola, lo hicieron con Lobos, lo hicieron con Fito. Mucho cinismo: a todos los utilizaron para lanzar campañas marketineras que sólo quedaron en eso: meras campañas que evidenciaron una extensa brecha entre el decir y el hacer. Después, los invitaron a retirarse por la puerta de atrás. Eso sí: a Bruera casi casi le firman contrato.

Párrafo aparte: lo de Fito resulta creíble. Es genuino y auténtico. Lo obligaron a decir adiós. Seguramente volverá más adelante, cuando sea la coherencia la que lleve las riendas del club: los ídolos tienen que estar todos adentro.

En este entorno convulsionado, Gimnasia pondrá primera el tercer día de enero en Abasto. ¿La misión? Salvarse del descenso este año y sumar lo máximo posible para aflojar la soga que atará el cuello la temporada que sigue. Ya sin Fito, las más nuevas informaciones hablan de los muy posibles desembarcos de Franco Mussis y Brahian Alemán (¿se descartan 700mil dólares para traerlo? ¿Pero cómo? ¿Y el saneamiento del club?), entre algunos otros. Le darán un salto de calidad al equipo pero no taparán el bache Rinaudo. El cráter tamaño meteorito, como dijeron por ahí en Twitter. Porque la venta de Rinaudo conlleva más que una simple venta y una pérdida futbolística: con Rinaudo jugador se fugan también grandes caudales de sentido de pertenencia, identidad, dignidad y grandeza.

Mientras otros clubes apuestan fuerte para fortalecer rasgos identitarios y buscan elevar la imagen –Maxi Rodríguez a Newells, Sand a Lanús, Mohamed a Huracán – Gimnasia se aferra cada vez más a su eterno reino del revés y regala a su máximo referente por cinco guitas. La imagen de Gimnasia institución se deteriora, se derrumba, se cae a pedazos. ¡Vengan todos a comprarle futbolistas al Lobo! ¡Acá los jugadores se rifan, se rematan y se dan a cualquier postor!

¿Qué otro plantel del fútbol argentino cuenta con referentes de semejante calibre? Cuesta encontrarlos. Gimnasia tenía uno. Uno que no se agotaba en su gigantesca figura: en lo estrictamente futbolístico, siempre cumplió con creces y tiene para varios años más de actividad. Gimnasia lo dilapidó.

El “saneamiento del club”, ese que nunca llega en una entidad concursada y con serias incapacidades de generación de recursos genuinos, que no sean ventas inconvenientes, ceder localía o alquilar el Bosque, no puede resultar el justificativo constante de todo pésimo accionar: esta dirigencia prometió en plena campaña continuar con la H. Hoy la H tiene baños químicos.

En 2019 hay elecciones y el socio volverá a las urnas para decidir el futuro del club. Mientras tanto, Pellegrino buscará terminar su mandato de la mejor manera posible. Por ahora, la viene piloteando bien. Muy bien, Pellegrino. Le pongo un diez.


Agustín Colianni

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