El Club

No podrán matar este amor

Las barriadas son Gimnasia, en una juntada en Plaza Rocha, en un asado comiendo parados con algún fisura, en repartir camisetas a los pibes donde el Estado se hace el boludo. Es un movimiento social que acompaña, con el fútbol como el principal amor tóxico.

A diferencia del 2011 donde se arrastraban un par de promociones, Gimnasia vive una terapia intensiva menos prevista. Un infarto del que hay que salir. Una dirigencia que cambió el rumbo y le salió el tiro por la culata. La misma oposición bancaba semanas atrás, porque la pelota entraba. Pero en estas cuatro fechas se fue todo al demonio. Ahora no quiero hablar del offside de córner ni teorías conspirativas. Quiero contarles lo que significa Gimnasia para nosotros.

Una noche primaveral de 2005 mientras me tenía que ir a dormir para ir temprano al colegio, con el relato de Víctor Hugo pegué un grito desaforado con el gol de Luquitas Lobos. Mi vieja entró al cuarto a retarme, pero yo no podía disimular mis lágrimas y adrenalina porque con nueve tipos le ganamos a Quilmes. La gente lloraba en la tribuna. Mi tío médico vio un desmayo cuando Giménez cobró penal y gritó el gol con el tipo en andas. Después volvieron abrazados por la autopista.

Jamás me olvidaré las caminatas con mi abuelo por el Bosque cuando me hablaba del robo del 62, del equipazo del 70, de campeón de la Copa Centenario. Nunca se me irá de mi retina visitar Estancia Chica y que nos reciba Timoteo con alegría para jugar al pool en la casona. Esas parrillas tienen que volver a funcionar, che, esa pileta gigante… no podemos ser tan verdes.

Gimnasia es ese pibe de la calle que siempre está girando, que la pelea. La madre con el pibe que se banca todas. El que te limpia el semáforo, el que te pega el grito si ve la azul y blanca lejos del Bosque. Es el pueblo, pero no como chicana a los pinchas, sino como realidad. Si no miren la estética, un estadio que tiene restaurante y sistema de puntos, contra otro que se cae a pedazos pero que tiene todo el amor del mundo, que le abre la puerta al que tiene las medias rotas. Sintetiza el quilombo: el pasado con la techada, la modernidad con la Basile, el parche de las tribunas, la búsqueda de ser mejores aunque hoy nos peleamos por unos baños de mierda.

Las barriadas son Gimnasia, en una juntada en Plaza Rocha, en un asado comiendo parados con algún fisura, en repartir camisetas a los pibes donde el Estado se hace el boludo. Es un movimiento social que acompaña, con el fútbol como el principal amor tóxico.

E
scribo para no olvidar a mi abuelo y contarle que otra vez Gimnasia está enfermo, y que habrá más de diez mil almas en Rosario como pedía el viejo. Nos mataron a Lolo, nos quieren mandar a la B, pero jamás podrán matar este amor. Nunca se terminará este sentimiento. Te amo, Lobo.

Santiago Giorello