Fútbol
04/02/2008
VUELTA AL BOSQUE
El amistoso con Cerro de Uruguay fue la excusa para que la familia tripera regrese al glorioso Estadio del Bosque. Más de 11 mil Triperos pidieron por la vuelta definitiva al templo.
¡Que lindo fue volver al Bosque!, ver al Triperío llegar desde los cuatro puntos cardinales al entrañable ESTADIO del BOSQUE orientados por el latido de sus corazones, dejándose llevar por las palpitaciones que paso a paso aumentaban al ritmo de una desenfrenada e imparable locomotora de PASIÓN. Pasión, término utilizado por muchos pero que sólo nosotros los Triperos podemos comprender.
Y qué mejor manera de comprenderlo y compartirlo que volviendo al estadio que nos vio nacer –y que seguramente nos verá morir- para ver aunque más no sea un encuentro amistoso.
Pero no olvidemos el fin, nuestro fin, jugar nuevamente como locales en el Bosque por los porotos. Es vital para lo que viene recuperar nuestra localía. ¿O acaso no es una ventaja tener a La 22 alentando todo el partido, pegados al alambrado, haciendo sentir ese peso que históricamente nos ha caracterizado y que por voluntad de unos pocos cedimos en pos de oscuros beneficios que jamás llegaremos a comprender?.
¡Que lindo fue volver al Bosque!, no queremos dejar de resaltar eso, toda esa emoción a flor de piel, ese “no se qué” imposible de explicar, porque no existe diccionario que contenga una palabra que pueda decir lo que nos pasa cada vez que vemos al LOBO jugar en el único lugar que le sienta cómodo y lo identifica como tal.
La gente no se quería ir, le pedía al árbitro que adicionara unos minutos más; se resignaba a sacar sus trapos del alambrado y a todos se nos piantaba un lagrimón a cada paso que con el caer de la tarde nos alejaba –sólo en cuestión de distancia- del Bosque.
Una efímera felicidad, fueron dos horas de alta carga emotiva que nos permitirá atenuar, sólo por un breve lapso de tiempo, esa ansiedad de volver a jugar en casa. Como corresponde y de donde nunca nos tendríamos que haber ido.
Por Víctor Díaz
Y qué mejor manera de comprenderlo y compartirlo que volviendo al estadio que nos vio nacer –y que seguramente nos verá morir- para ver aunque más no sea un encuentro amistoso.
Pero no olvidemos el fin, nuestro fin, jugar nuevamente como locales en el Bosque por los porotos. Es vital para lo que viene recuperar nuestra localía. ¿O acaso no es una ventaja tener a La 22 alentando todo el partido, pegados al alambrado, haciendo sentir ese peso que históricamente nos ha caracterizado y que por voluntad de unos pocos cedimos en pos de oscuros beneficios que jamás llegaremos a comprender?.
¡Que lindo fue volver al Bosque!, no queremos dejar de resaltar eso, toda esa emoción a flor de piel, ese “no se qué” imposible de explicar, porque no existe diccionario que contenga una palabra que pueda decir lo que nos pasa cada vez que vemos al LOBO jugar en el único lugar que le sienta cómodo y lo identifica como tal.
La gente no se quería ir, le pedía al árbitro que adicionara unos minutos más; se resignaba a sacar sus trapos del alambrado y a todos se nos piantaba un lagrimón a cada paso que con el caer de la tarde nos alejaba –sólo en cuestión de distancia- del Bosque.
Una efímera felicidad, fueron dos horas de alta carga emotiva que nos permitirá atenuar, sólo por un breve lapso de tiempo, esa ansiedad de volver a jugar en casa. Como corresponde y de donde nunca nos tendríamos que haber ido.
Por Víctor Díaz