Se esperaba otra cosa del Lobo esta tarde. Sí, está claro: el rival tiene mejor equipo, por amplio margen. Pero la localía en este tipo de partidos resulta un plus extra, y ganar hubiese sido un golpe de efecto extraordinario.
Pero Gimnasia no se animó. Siempre se mantuvo aferrado a su planteo: ceder terreno, replegarse y buscar la contra. Así, la visita manejo la pelota a capricho y deseo en 60 y 118 y contó con varias claras de cara al arco de Insfrán. Hoy el Lobo tuvo cierta cuota de suerte para salvar la ropa.
¿El mejor? Panaro. El atacante fue la carta más peligrosa del Tripero en ofensiva.
También es cierto que los de Zaniratto contaron con la situación más nítida de gol. Fue en el complemento, cuando el Chelo Torres hizo todo bien para quedar mano a mano con Muslera, que achicó de manera excelente para tapar el disparo. Era esa.
¿Gimnasia buscó ganarlo? Sí, con sus armas y respetando sobremanera a un rival que, cuando lo apuran, puede cometer errores atrás. El Lobo fue demasiado cauteloso y se terminó aferrando a un empate que suma, pero que deja sabor a nada en la gente: hoy había que ganar.
No queda más que enfocarse en lo que viene y mejorar. Encontrar el equipo ideal será la tarea de Zaniratto de ahora en más. Un equipo que se consolide y clasifique sin demasiados problemas a la siguiente fase de este campeonato.
Agustín Colianni