Varios
03/03/2008
LA NOTA DE RAFAEL TON
El reconocido escritor y periodista Tripero, escribió una nota imperdible <b>"Ser de Gimnasia es ser campeón".</b>
Y el Hincha va…le suben los precios de las entradas. Los tratan como ganado. Les recortan las banderas y les sacan los encendedores al entrar. Les repiten en casi todos los programas deportivos e informativos que deben dejar de ser hinchas y deben transformarse en meros espectadores, en lo posible les aconsejan quedarse en sus casas pagando el codificado y mientras miran el partido le salten 400 propagandas para que cada vez pierdan más la capacidad de concentración.
Y el Hincha de Gimnasia va y va, va con todo, no es una moda, es constante. Pone el pecho a las balas, no cambia los colores de la camiseta (como sí hacen otros) Es una raza distinta que sufre un exilio desde hace un tiempo.
Nadie le hace campaña para ir a copar Uruguay (como a otros) y la idea es ir a ver al Lobo como sea y no buscando micros coche-cama y con televisor para ir “tranquilos”…
Y ahora ya pasaron varios torneos en el frío exilio en 25 y 32 y ya se sabe: “Un lugar frío es ideal para equipos fríos, es evidente”. Un club popular, pasional, no sirve para estar sentado, alejado de su equipo, donde no haya cada tanto un alambrado donde treparse al festejo, donde no haya lugar de reunión con sus colores.
Y el hincha del Lobo pone el pecho. Lo llevaron en forma inconsulta prometiendo el “éxito”, la apropiación de lo “moderno”….y miren como le ha ido al pobre Lobo.
¿El ascenso frente a Racing? ¿Haber logrado permanecer invictos de locales el año del centenario? ¿Invicto en la Copa Libertadores? ¿Salvarse de la promoción con un golazo de Lucas Licht? ¿La Copa Centenario? ¿Diez años sin perder un clásico en el Bosque? Iban a ser escuálidos recuerdos ante la avalancha de triunfos que vendrían en las tierras municipales. Esas mismas que permitieron entradas gratis para cualquiera sin importar el color de las camisetas en el primer partido y luego obliga a pagar alquiler.
Y el Lobo, en el exilio, perdió todos los partidos jugados con Boca, todos los partidos con Vélez, con Banfield, con Racing. No le pudo ganar a los suplentes de River ni a los titulares de Tigre. No ganó ningún clásico más y sufrió una dura goleada en el medio (cuando venía, es oportuno repetirlo, de 10 años sin derrotas, siendo local en el Bosque).
Y el Hincha va y entonces pasa que el platinado de Boca viene a La Plata y festeja, con la ayuda del jugador número doce (el árbitro) y sin embargo cuando termina el partido se escucha una sola hinchada, la increíble, la mejor, la Gloriosa “22”.
Y el hincha mira de reojo esos palos que cambian de colores cada semana, y esa ventaja deportiva y el declive paulatino en los resultados y la suma de derrotas que es casi la misma de victorias, en un caso único en el mundo, para un equipo supuestamente “local”…
Algún día vendrá el reconocimiento a los hinchas, ese tributo grande que se merecen, que es: Un estadio propio, - localista - concordante con la historia del club más popular de la zona y el más antiguo de nuestro fútbol. Un equipo surgido del semillero y consustanciado con su gente. Y una campaña permanente y constante para que todos sean socios y que todos los pibes tengan la posibilidad de tener su camiseta y de poder comprobar que la fiesta de ir a ver al Lobo es infinitamente superior a ver triunfos de Boca o River por televisión. Con eso, con coherencia y sin tibiezas, el lauro deportivo llega sólo. El resto está, porque si ser campeón es distinguirse sobre el resto, en eso, no hay con que darle al Hincha del Lobo, porque por caravanas, por colorido, por terremotos, por nunca abandonar, por festejar su día, por ser los primeros en subirse sobre el lomo del tren, pegar afiches cargando o simplemente alentar más allá de lo que pasa en el campo de juego: “Ser de Gimnasia es Ser campeón”.
Por Rafael Ton
Y el Hincha de Gimnasia va y va, va con todo, no es una moda, es constante. Pone el pecho a las balas, no cambia los colores de la camiseta (como sí hacen otros) Es una raza distinta que sufre un exilio desde hace un tiempo.
Nadie le hace campaña para ir a copar Uruguay (como a otros) y la idea es ir a ver al Lobo como sea y no buscando micros coche-cama y con televisor para ir “tranquilos”…
Y ahora ya pasaron varios torneos en el frío exilio en 25 y 32 y ya se sabe: “Un lugar frío es ideal para equipos fríos, es evidente”. Un club popular, pasional, no sirve para estar sentado, alejado de su equipo, donde no haya cada tanto un alambrado donde treparse al festejo, donde no haya lugar de reunión con sus colores.
Y el hincha del Lobo pone el pecho. Lo llevaron en forma inconsulta prometiendo el “éxito”, la apropiación de lo “moderno”….y miren como le ha ido al pobre Lobo.
¿El ascenso frente a Racing? ¿Haber logrado permanecer invictos de locales el año del centenario? ¿Invicto en la Copa Libertadores? ¿Salvarse de la promoción con un golazo de Lucas Licht? ¿La Copa Centenario? ¿Diez años sin perder un clásico en el Bosque? Iban a ser escuálidos recuerdos ante la avalancha de triunfos que vendrían en las tierras municipales. Esas mismas que permitieron entradas gratis para cualquiera sin importar el color de las camisetas en el primer partido y luego obliga a pagar alquiler.
Y el Lobo, en el exilio, perdió todos los partidos jugados con Boca, todos los partidos con Vélez, con Banfield, con Racing. No le pudo ganar a los suplentes de River ni a los titulares de Tigre. No ganó ningún clásico más y sufrió una dura goleada en el medio (cuando venía, es oportuno repetirlo, de 10 años sin derrotas, siendo local en el Bosque).
Y el Hincha va y entonces pasa que el platinado de Boca viene a La Plata y festeja, con la ayuda del jugador número doce (el árbitro) y sin embargo cuando termina el partido se escucha una sola hinchada, la increíble, la mejor, la Gloriosa “22”.
Y el hincha mira de reojo esos palos que cambian de colores cada semana, y esa ventaja deportiva y el declive paulatino en los resultados y la suma de derrotas que es casi la misma de victorias, en un caso único en el mundo, para un equipo supuestamente “local”…
Algún día vendrá el reconocimiento a los hinchas, ese tributo grande que se merecen, que es: Un estadio propio, - localista - concordante con la historia del club más popular de la zona y el más antiguo de nuestro fútbol. Un equipo surgido del semillero y consustanciado con su gente. Y una campaña permanente y constante para que todos sean socios y que todos los pibes tengan la posibilidad de tener su camiseta y de poder comprobar que la fiesta de ir a ver al Lobo es infinitamente superior a ver triunfos de Boca o River por televisión. Con eso, con coherencia y sin tibiezas, el lauro deportivo llega sólo. El resto está, porque si ser campeón es distinguirse sobre el resto, en eso, no hay con que darle al Hincha del Lobo, porque por caravanas, por colorido, por terremotos, por nunca abandonar, por festejar su día, por ser los primeros en subirse sobre el lomo del tren, pegar afiches cargando o simplemente alentar más allá de lo que pasa en el campo de juego: “Ser de Gimnasia es Ser campeón”.
Por Rafael Ton