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<small>EL ORIGEN DE LA VIOLENCIA II</small>

La violencia superficial, la que se ve y se sufre, tiene una explicación que permite pensar en el fondo de la cuestión.

La alegría natural que emerge cada vez que comienza un campeonato se ve opacada por la desesperanza que generan un sin fin de medidas que sólo logran confirmar que las cosas, en el fútbol, están cada vez peor.

El contrato firmado por los representantes de la AFA y la empresa Torneos y Competencias, que involucra a todos los clubes de Primera División es un claro ejemplo del poder que maneja Grondona y de la manipulación que existe de éste hacia las instituciones.

De esta manera, los clubes estarán sometidos a las decisiones del mutimedio (a todas) por los próximos siete años; pero a cambio, la empresa de TV le aumentó los ingresos de 93 a 150 millones de pesos anuales, lo que significa migajas en relación a las ganancias de la empresa, estipulada en más de 500 millones anuales.

Algunas cosas. En primer lugar, no se explica por qué la AFA necesita de una empresa intermediaria (Puntogol), que se lleva un porcentaje de la negociación, para llegar a un acuerdo con la TV. Y en este punto, cómo no existe una licitación que permita a los clubes negociar con otras empresas si lo desean. Incluso que se deba legitimar todos los años, como ocurre en otras partes del mundo, donde se paga mucho más y los contratos vencen anualmente.

Por otro lado, revisando los puntos del tratado se destaca que el vínculo llega hasta 2014 y que tal vez, se podría extender hasta 2029. Esta situación no hace más que agravar la crisis del fútbol argentino ya que como se viene haciendo, la TV financia las deudas de los clubes como adelanto de los pagos del contrato. Sometiendo de esta manera a una dependencia extrema que no le permite a las instituciones ningún margen de conducción interna. Se hace lo que le conviene a la empresa.

Y acá entran todos. Los empresarios, los dirigentes corruptos, los sumisos (que ya se han embargado bastante), los inoperantes de la seguridad (que conspiran a favor del negocio) y por supuesto el Estado, que no interviene y mira para otro lado.

Entonces que no vengan a decir que la violencia proviene de los pibes que tiran piedras, de los que roban una bandera o putean a un árbitro. Que no vengan a decir que insultar a una hinchada o tirar un encendedor es “la violencia”. Por supuesto que todos esos son hechos repudiables. Pero son consecuencia de la verdadera violencia.

Son funcionalidades, si se quiere, que necesita el sistema para funcionar. El mismo sistema que fabrica encrucijadas con los hinchas, que aumenta las entradas, que reduce la capacidad, que elimina las banderas, que prohíbe las bengalas y demás. El mismo sistema que ofrece TV para todos (los que puedan pagarlo), con más partidos y cinco días a la semana.

Con todo este lío, mejor lo vemos por tele ¿no?


Por Ariel Fridman
Editorial publicada en Letra G número 40.