Varios
11/02/2010
PROHIBIDO FESTEJAR
Te adelantamos el artículo <b>editorial 88</b> de la Revista Letra G. El Lobo no ganó más que un partido. Ahora hay que sumar y salir del fondo.
Seguramente si Gimnasia hubiera perdido el clásico se habría producido un receso interminable en el fútbol argentino. De ese modo la angustia del hincha albiazul se hubiera extendido, se hubiera masticando bronca y generado un irremediable malestar en el Club.
Sin embargo, como si fuera una señal, el Lobo ganó en el Bosque y sólo tres días después tuvo que salir a revalidad su imagen de equipo en levantada nada más ni nada menos que en la cancha de Vélez.
Esta situación por un lado da lástima, ya que a todos nos hubiese gustado quedarnos con el sabor de la victoria por un largo tiempo. Pero a su vez, si buscamos el lado positivo, es un llamado de atención en un contexto en el que al margen de cualquier triunfo importante, el equipo debe ser moderado y trabajar con la máxima intensidad para lograr el objetivo principal que es el de salvarse del descenso.
En este sentido, está claro que para lograr el objetivo central antes se deben cumplir objetivos secundarios, pero a medida de que esto va sucediendo hay que tener la precaución de no caer en la relajación y el exceso de confianza.
Esto no es una acusación hacia los jugadores ni mucho menos, sino que constituye un alerta ante lo que queda por delante. Así como la derrota en la segunda fecha del Apertura, a juzgar por los resultados posteriores, significó una recaída anímica en el plantel; este triunfo ante Estudiantes debe ser el punto de partida para la consolidación en la categoría, con más confianza y con el aliciente de que se le puede ganar a cualquiera.
En Vélez se cometió el error de salir a ver qué pasa, se regaló un tiempo y se pagó muy caro. Subsanado eso, ahora cada partido debe encararse como se planteó el clásico: con dientes apretados, con inteligencia, con la convicción de que hay disputar cada pelota como si fuese la última y con la tranquilidad de que el hincha tripero entiende la situación y se limita a alentar incesantemente al primer equipo.
Antes del miércoles, al margen del resultado decíamos que el partido era fundamental pero no decisivo. Ahora, con el triunfo adentro seguimos sosteniendo lo mismo. La victoria fue fundamental para continuar con chances y para afrontar el futuro de otra manera. Pero para nada fue decisiva. El Lobo no ganó más que ese partido. De hecho Gimnasia continúa en zona de descenso directo. Por eso, el equipo ahora tiene prohibido festejar. Las fechas pasan y los tiempos se acortan. Cada festejo debe durar hasta salir del campo de juego. Luego, hay que pensar en el partido siguiente y en cómo conseguir un buen resultado para sumar puntos y escapar del fondo.
Letra G
Sin embargo, como si fuera una señal, el Lobo ganó en el Bosque y sólo tres días después tuvo que salir a revalidad su imagen de equipo en levantada nada más ni nada menos que en la cancha de Vélez.
Esta situación por un lado da lástima, ya que a todos nos hubiese gustado quedarnos con el sabor de la victoria por un largo tiempo. Pero a su vez, si buscamos el lado positivo, es un llamado de atención en un contexto en el que al margen de cualquier triunfo importante, el equipo debe ser moderado y trabajar con la máxima intensidad para lograr el objetivo principal que es el de salvarse del descenso.
En este sentido, está claro que para lograr el objetivo central antes se deben cumplir objetivos secundarios, pero a medida de que esto va sucediendo hay que tener la precaución de no caer en la relajación y el exceso de confianza.
Esto no es una acusación hacia los jugadores ni mucho menos, sino que constituye un alerta ante lo que queda por delante. Así como la derrota en la segunda fecha del Apertura, a juzgar por los resultados posteriores, significó una recaída anímica en el plantel; este triunfo ante Estudiantes debe ser el punto de partida para la consolidación en la categoría, con más confianza y con el aliciente de que se le puede ganar a cualquiera.
En Vélez se cometió el error de salir a ver qué pasa, se regaló un tiempo y se pagó muy caro. Subsanado eso, ahora cada partido debe encararse como se planteó el clásico: con dientes apretados, con inteligencia, con la convicción de que hay disputar cada pelota como si fuese la última y con la tranquilidad de que el hincha tripero entiende la situación y se limita a alentar incesantemente al primer equipo.
Antes del miércoles, al margen del resultado decíamos que el partido era fundamental pero no decisivo. Ahora, con el triunfo adentro seguimos sosteniendo lo mismo. La victoria fue fundamental para continuar con chances y para afrontar el futuro de otra manera. Pero para nada fue decisiva. El Lobo no ganó más que ese partido. De hecho Gimnasia continúa en zona de descenso directo. Por eso, el equipo ahora tiene prohibido festejar. Las fechas pasan y los tiempos se acortan. Cada festejo debe durar hasta salir del campo de juego. Luego, hay que pensar en el partido siguiente y en cómo conseguir un buen resultado para sumar puntos y escapar del fondo.
Letra G