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GIMNASIA, EN EL BOSQUE

<b>Por qué Gimnasia debe jugar en el Bosque</b> Un punto de vista en medio de un debate sobre el modelo de Club a seguir. <b><i>OPINIÓN</i></b>.

Agustín Colianni
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Cada vez que alguien menciona al Estadio Ciudad de La Plata, a más de un tripero le da escalofríos. Y a sólo un mes del comienzo del Clausura 2011, cuando todos se llenan la boca hablando de los posibles jugadores que llegan y de los que se van, la posibilidad de que Gimnasia juegue en 25 y 32 sigue latente.

No hay Lobo sin bosque: esa es la única premisa que debe seguir un tripero. Tampoco hay margen de error, porque ceder en esta lucha que data de años y en la que no sólo se busca fortalecer a Gimnasia en el plano futbolístico, sino que se trata de una disputa ideológica, patrimonial, histórica, identitaria y hasta cultural, significaría un suicidio en todos los planos institucionales. Y el primero, claro está, es el del fútbol profesional, sustento fundamental del Club, y que hoy camina por la cornisa.

Juan José Muñoz. Ese es el nombre que el hincha de Gimnasia siempre debe recordar si no quiere sucumbir en los mismos errores del pasado. Muñoz llevó al Lobo de “prepo” hacia 25 y 32. No consultó a los socios, abandonó el Bosque y disgregó a un plantel que estaba para grandes cosas. Así, en poco tiempo, Gimnasia sufrió el tormento más intenso de sus últimos 30 años: jugar la promoción dos veces seguidas, acostumbrarse a perder con el clásico rival en formas insólitas, sumergirse en un agujero económico imposible de contrarrestar, ser aniquilado en todos los planos institucionales por los medios de comunicación, soportar que jugadores de medio pelo se negaran a jugar en el club, y divagar año tras año en el fondo de la tabla de promedios considerando como un logro el hecho de no descender en forma directa, fueron algunas de las secuelas que la gestión Muñoz (entusiasta por excelencia del mal llamado “Estadio Único”) produjo en Gimnasia.

Cabe preguntarse cuál es la mayor urgencia tripera: si la economía o el presente futbolístico. Puede que ir a jugar a 25 y 32 garantice a Delmar un ingreso de billetes frescos para las arcas vaciadas del club, pero, por contrario, pone en jaque las aspiraciones de Gimnasia en plena lucha por no descender. Entonces: ¿varios miles de pesos o tres puntos? ¿Qué es lo que el Lobo más precisa? Si se tiene en cuenta que todos los equipos del mundo se endeudan hasta el hartazgo, sacan créditos bancarios, arman fideicomisos y gastan fortunas en traer jugadores que puedan garantizar una determinada cantidad de unidades, es difícil aceptar que para Gimnasia sea al revés, y que en vez de aspirar a recolectar puntos para salvarse del calvario que significaría descender a la segunda categoría de AFA, se aspire a obtener dinero para saldar deudas. No existe ninguna lógica. Si es así, si ese es el objetivo primario, si definitivamente hoy por hoy la prioridad es el dinero, entonces no traigan refuerzos, rescindan los contratos más elevados del plantel y jueguen con las divisiones inferiores, si al fin y al cabo lo que importa es saldar deudas, y que el Lobo se vaya a la B Nacional es un problema secundario que seguramente tendrá solución.

Lo cierto es que la realidad es una sola y no miente: en los últimos seis años Gimnasia venció a Estudiantes sólo en dos oportunidades, y ambas fueron en el Bosque. Pero de todos modos, no sólo se trata del clásico rival, sino que la ecuación es realizable con cualquier otro equipo de Primera División. Jugar en 25 y 32 hoy se traduce en brindar una ventaja deportiva abismal, y el Lobo no puede darse semejante lujo pese a que su economía apriete.

No solamente Gimnasia debe jugar el clásico en 60 y 118 (salvando el hecho de que así lo prometió Delmar en plena campaña electoral) sino que se debe hacerlo sin público ni prensa visitantes, tal como se hizo la última vez. De cualquier otro modo la injusticia la sufrirán, una vez más, aquellos que siempre salen perjudicados en forma excluyente: los hinchas.

La prioridad inmediata es salvarse del descenso. Eso no se consigue yendo a jugar a 25 y 32, sino que se logra sembrando temor en los rivales que deben venir a La Plata a jugar con Gimnasia. Y el único factor pavoroso con el que se cuenta hoy, es el Bosque. Hace poco menos de dos años el Lobo era feroz en su casa: Boca, Independiente, Estudiantes, Vélez, Racing. Todos ellos y varios más se fueron con la cabeza gacha del Bosque y por poco no tuvieron que pedir clemencia. En el Clausura 2010 a cualquiera le temblaban las piernas cuando pisaba el Juan Carmelo Zerillo, donde sólo Arsenal supo festejar. Pero entre Diego Cocca y Walter Gisande hicieron todo a la inversa, y cuando hasta los pesimistas pensaron que Gimnasia se había salvado definitivamente, un pésimo arranque de temporada -producto de decisiones calamitosas en torno al armado de un nuevo plantel- tiró cualquier sueño por la borda.

¿Cuándo van a entender que el Estadio Ciudad de La Plata está hecho a la medida de todo lo que Gimnasia no es ni será jamás? ¿Cuándo van a entender que ese engendro impopular es sinónimo de frivolidad, codicia y desunión? ¿Cuándo van a entender que el Lobo únicamente está en el Bosque? ¿Cuándo van a entender que remodelar lo propio es la mejor forma de crecer? Lanús, Banfield, Colón, Newell´s, Argentinos Juniors sirven de ejemplo: todos ellos siguieron el camino correcto, y ahí están, sin problemas financieros ni complicaciones con la tabla de los promedios. La lógica dice que Gimnasia debe imitarlos.