Varios

PERRO DE LA CALLE

Otro año deambulando sin poder salir a flote. Pensar qué nos pasa para poder revertirlo y crecer. Nota de Ariel Fridman.

El año pasó volando, pero si uno se pone a pensar en la cantidad de cosas que atravesaron el corazón de Gimnasia pareciera que no caben en 365 días. Al comienzo del 2011 asumió la nueva dirigencia y con ella, la llegada de Cappa, del Melli, de un puñado de incorporaciones inútiles y de un campeonato que prometía ser muy difícil.

Un torneo tremendo, la renuncia de aquel cuerpo técnico y la confianza puesta en Ortiz y Morant. El empate con Huracán, la Promoción decepcionante y el descenso anunciado, producto de una seguidilla de errores que se coronó con la continuidad de desaciertos en varios frentes.

Luego el desmantelamiento del plantel con algunos casos conflictivos, el armado de otro equipo para afrontar el complicado Nacional B, la llegada de Ingrao, otros diez refuerzos sin sentido y su salida inmediata. La voz del hincha, la aceptación de Troglio y una gran campaña que aún no logra revertir el desastre hecho hasta el momento.

En medio de todo...los hinchas, que no abandonaron nunca, que atendieron no solo la cuestión futbolística sino también la institucional y que sufrieron a cada paso esos desvaríos dirigenciales que ridicularizaron al Club una y otra vez. Movilizaciones, actividades para recaudar, asambleas, elecciones. El hincha siempre estuvo, en mayor o menor medida.

En esta vorágine, a cada paso uno intenta encontrar explicaciones al problema de Gimnasia y se pregunta si es uno, si son muchos, si responde a un responsable, a muchos, a todos...

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Generalmente pasa que uno vive una situación en el Club y supone que todos van a coincidir con la visión que se tiene sobre ese aspecto. Pero luego, al atravesar la puerta, se cruza con el primer socio que le dice "viste qué impresentables son estos" y sin responder decide seguir y se encuentra con otros que en algunos casos dicen "impresentables son todos, porque ninguno apunta al problema real". Entonces allí, confundido, uno mantiene el silencio, la mirada al piso y continúa avanzando...

...Por allá va llegando otro tripero con la camiseta puesta y al encuentro dice "me tienen todos podridos, vamos últimos en la B y siguen discutiendo boludeces", y sigue su paso acelerado hacia la ventanilla de las boleterías.

Y todo vuelve a empezar. En cada ámbito hay alguien con una idea y cinco con observaciones para esa idea. En cada rincón del Club, la oposición se fragmenta y esas facciones que quedan se siguen dividiendo y así hasta quedar hecha un puñado de individualidades sin fuerza, sin consenso, con pocas posibilidades de lograr una construcción política.

En el oficialismo pasa algo similar. La Comisión Directiva está dividida y nadie se hace cargo. Entonces algunos se van, otros se abren y no dicen nada, muchos mantienen su sumisión con Delmar y el silencio se adueña de un espacio que debería ser de participación activa, de debate y de planteos de soluciones. Cuando parece que las aguas se calman suena un cimbronazo que le vuelve a poner al Lobo un aura de conflictos.

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El primer socio vuelve a la carga y dice "ese es el problema, pensar que hay que atender el fútbol sin mirar el resto del Club" y encuentra como respuesta “el fútbol es el motor, si no se atiende el Club desaparece” y otro dice “dejen de robar” y está el que apunta “no hay nada para robar”. Entonces otro se pregunta “¿para qué asumieron?” y están los que dicen “es lo que hay o un golpe institucional” Y cada tema se va transformando en micropartículas de ideas que terminan por desintegrar la primera cuestión, desgastando, desmoralizando, alejando y angustiando a todos, que ven que ese pequeño aporte que uno creía poder hacer empieza a desaparecer.

Y así sigue deambulando el Lobo, lastimado, solo como un perro de la calle, contento cuando encuentra un hueso, sin recaer en si tiene rabia o no.


Ariel Fridman