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EL LIBRO DE PASES, UNA OPORTUNIDAD

Esta vez, el libro de pases debe significar la oportunidad de empezar a cambiar el rumbo. Nota de Ariel Fridman.

Termina la primera parte del campeonato y comienza la danza de nombres de posibles incorporaciones de Gimnasia. La historia reciente marca que los errores cometidos en este aspecto, sumado al mal manejo de fondos y a los pésimos negocios realizados son parte de la explicación de la situación actual de la Institución. Esta vez, el libro de pases debe significar la oportunidad de empezar a cambiar el rumbo.

Hace años que Gimnasia viene errando su política de incorporaciones y allí radica parte de la explicación al problema que aqueja a la Institución.

En cada receso han llegado jugadores en cantidades excesivas, lejos de su mejor estado físico y futbolístico, costándole al Club más dinero del que se podía emplear para cada transacción y, lo que resulta más problemático aún, imponiendo un freno a la promoción de jugadores juveniles a primera división.

Sin atender a esto, cada dirigencia que fue asumiendo continuó con esta sangría que siempre resultó previsible, pero que increíblemente nadie se encargó de cortar, tal vez por falta de idoneidad, tal vez por que en esos meses se genera el ambiente propicio para hacer negocios turbios y en algunos casos, también debe haber pasado, se apostó honestamente por algún jugador que a fin de cuentas no cumplió con las expectativas.

La realidad es que a cada paso el perjudicado fue Gimnasia, que vio engrosar vertiginosamente su pasivo, que tuvo que afrontar sueldos insólitos para lo que puede pagar una institución en la situación crítica y que encima, comenzó una caída libre en términos futbolísticos que fue postergando el descenso durante algunos años solo por el esfuerzo de los pibes que siempre dieron la cara y que con garra y hombría fueron compensando los desastres cometidos por los dirigentes.

Porque fue así. Los juveniles fueron quienes pusieron al Club por encima de sus orgullos personales y dieron la cara siempre que se los necesitó. Casi nunca existió el rencor de pensar “nos ignoraste y ahora que estás desesperado nos venís a buscar”. Y entre todo esto el hincha. Que vio lo que pasaba, que pataleó, pero nunca tuvo la participación determinante de poder revertir el rumbo.

En los últimos años, jugadores cerca del retiro cobraron sueldos suculentos y no le retribuyeron nada al Club, mientras que los pibes cobraron monedas, que encima debieron pelear para recibirlas y soportaron que los dirigentes no aceptaran aumentarle ni un vuelto en sus contratos, despreciándolos, desvalorizándolos y humillándolos.

Por eso, ante la situación actual Gimnasia tiene en sus manos la posibilidad de cambiar. Debe apostar a los pibes, firmar el contrato con los que faltan, desprenderse de jugadores caros que ni juegan y le sacan espacio a quienes vienen atrás y tener el máximo cuidado a la hora de incorporar.

El límite está estipulado y el Lobo no puede traer más de dos jugadores (excepto libres). Eso es bueno. Pero así y todo, hay que tener cuidado. No se puede volver a cometer errores pasados que dejaron consecuencias que están a la vista.

Que nos disculpe Pedro a quien agradecemos, admiramos y bancamos, pero el Club lo manejan los dirigentes y salvo que haya alguna posibilidad concreta de un negocio para la Institución y que eso además signifique un salto de calidad para el equipo, Gimnasia no debe incorporar a nadie. El Lobo está ante la posibilidad de cambiar y está en manos de los dirigentes aceptar hacerlo o seguir por el camino mediocre e irresponsable que viene destruyendo lo que más queremos: Gimnasia.


Ariel Fridman