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TIMOTEO CORAZÓN

Hoy es el cumpleaños número 77 de <b>Carlos Timoteo Griguol</b>, el Viejo, el hombre que llevó a Gimnasia a un pedestal inimaginable.

Una palabra más que autorizada para hablar sobre el Lobo. Carlos Timoteo Griguol. El Viejo. El entrenador más sabio en la historia del Club. El 29 de octubre de 1994 se calzó el buzo de director técnico tripero por primera vez y, como no podía ser de otra manera, fue con un triunfo bajo el brazo: 2 a 0 a Platense en el Bosque.

A partir de entonces un amor de ida y vuelta floreció a paso veloz entre los pasillos del club, los árboles del Bosque y las instalaciones de Estancia Chica. Eran épocas de cambios; de cambios para bien. La campaña del Clausura ´95 fue excepcional. “Que de la mano de Timoteo todos la vuelta vamos a dar”, lanzaba a los cuatro vientos la legendaria hinchada del Lobizón. Pero por aquellas cosas del destino a Gimnasia no se le dio ese año, y luego de que La 22 no dejara tribuna sin reventar el Lobo cayó una noche fría frente a Independiente en el Bosque. Y tampoco al año siguiente, cuando aquel equipazo que dejó su marca de fuego en la historia del fútbol argentino, que ganaba, gustaba y goleaba, se quedó a centímetros de la gloria. ¡Pero qué mierda iba a importar! Si el Lobo había sido campeón moral de aquel torneo. ¿Quién nos quitaba lo bailado? ¿Quién nos quitaba las gambetas del Mellizo, la magia del Pepe Albornoz, el olfato goleador del Pampa, ese mediocampo rápido y preciso como el instinto de un lobo feroz, ese 6 a 0 al dream team bostero, y la Bombonera y los palcos nuevos y que a todo lo que viniera de frente Gimnasia le ponía el pecho con la fiereza de un licántropo?

En el 1998 la historia se volvió a repetir. Esta vez, el Lobo terminó segundo detrás de Boca. A esa altura, Gimnasia ya había aprendido a codearse con los grandes del fútbol argentino. Y todo hallaba su explicación en una sola causa: la mano del Maestro Griguol, que había llevado al Lobo hacia la elite de los clubes del país. Siempre arriba, peleando campeonatos. Y mientras tanto emergía con luz propia una cantera de juveniles nunca antes vista por el mundo albiazul.

Todo lo que vino después tuvo, de alguna manera u otra, retazos griguolistas. El Viejo se fue en 1999 pero no tardó en emprender el regreso: un año más tarde, el 14 de julio del 2000, volvió entre los árboles del Bosque y, claro, con un triunfo: 2 a 1 sobre Racing. La segunda estadía del Viejo fue efímera y duró poco más de un año.

Su tercera etapa comenzó en octubre del 2003 (obviamente con victoria incluida: 1 a 0 ante Independiente) y se extendió poco menos de un año: en junio del 2004 Timoteo pegó el portazo. Ya no se lo iba a volver a ver con el buzo de entrenador tripero; tampoco, rompiendo el pecho de los jugadores en la manga antes de salir a la cancha.

De la mano de Timoteo Gimnasia se había consolidado como una entidad modelo. Y cada vez que un DT se marchaba, el nombre de Griguol era una fija entre los posibles candidatos a quedarse con la vacante.

Pero nunca más volvió. Al menos, a su función. Sí lo hemos visto millones de veces en la platea observando las acciones de su querido Lobo. Es que Gimnasia ya era parte esencial de su vida.
Para algunos, un técnico más. Para otros (la gran mayoría), el responsable directo de la mejor época de la historia del Club. Pero lo que nadie podrá discutir es que el Viejo Griguol siempre tendrá una página propia entre los libros de cepa bien tripera.

Hace exactamente un año, Timoteo se hizo un lugarcito para charlar con Letra G Radio. Más auténtico que nunca, fiel a la elocuencia y simpleza de sus palabras, el Viejo deslizó con la naturalidad más extraordinaria: “Gimnasia para mí es mi papá”. ¡Qué paradoja! Tanto los chicos en el estudio como los oyentes del otro lado del éter seguramente coincidieron en que Griguol, de algún modo u otro, es papá de todos nosotros y sinónimo de Gimnasia. ¡Feliz cumpleaños, Maestro, te esperamos en el Bosque!