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NUESTRA HISTORIA Y GIMNASIA

Estas semanas pasamos por días que recuerdan la historia más oscura de nuestro país. Desde este espacio, remembramos a cada uno de los héroes, ex combatientes, fallecidos, torturados y desaparecidos de una dictadura y una guerra que no nos permitimos olvidar jamás. Acá, la memoria del pasado con Gimnasia como protagonista.

El inicio del Golpe Militar de 1976 y el desembarco de las Fuerzas Armadas en las Islas Malvinas en 1982, se evocan respectivamente cada 24 de marzo y 2 de abril con el objetivo de no olvidar a cada una de las personas que forman parte de la historia argentina más reciente. Lo qué pasó, todos lo saben: cientos de soldados y civiles fallecidos en una inexplicable guerra y miles de desaparecidos y torturados en una dolorosa y horrible dictadura. En medio de esta coyuntura, allí está Gimnasia, enmarcando cada uno de los momentos y pequeñas historias que forjan la línea de tiempo de nuestro país:

Metropolitano de 1973. Fecha 8 de la primera rueda. El equipo del popular José Varacka enfrentaba a Argentinos Juniors en La Paternal. En el minuto 41 del PT el arquero Guruciaga se lesionaba y entraba en su lugar Antonio Enrique “El Tano” Piovoso. Aquel golero jugó en el Lobo solo tres partidos, siempre reemplazando al titular (dos veces suplantó al Loco Gatti). Cuando dejó el fútbol (pasó por VSC y la liga de MDP) se dedicó a dibujante en un estudio de arquitectura. Cuatro años después, el 6 de diciembre de 1977, un operativo comando armado de civil irrumpió en su lugar de trabajo en calle 8 buscando a un hombre en particular, pero también se lo llevaron a él. Su familia nunca supo dónde estaba y hubo versiones varias, desde la Unidad 9 de La Plata hasta en un barco en el sur. Pero nunca más apareció.



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Verano de 1976. Él estudiaba, trabajaba, militaba y además jugaba al fútbol. El portón de hierro de la Facultad de Ingeniería lo recibía todos los días con sus apuntes. Las puertas del Estadio del Bosque lo veían llegar con los botines en mano y lo ilusionaba con jugar en Primera División. Muy cerca de allí, por la Avenida 122, todas las jornadas se dirigía a las oficinas de la Dirección de Vialidad Provincial. Aquel 7 de diciembre, fue secuestrado llegando al trabajo, detenido en el centro clandestino El Pozo de Banfield, fusilado con tres tiros y enterrado anónimamente en un cementerio de Avellaneda. Hace siete años fue identificado. Luis Alberto Ciancio soñaba con debutar en Gimnasia, pero nunca lo pudo hacer.



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Un telegrama llegó a su casa del barrio de 20 y 70. Néstor Sandoval recibió la notificación de que debía dirigirse a su barco, el “Isla de los Estados” que se encontraba bajo la noche oscura y helada en el estrecho que une la Gran Malvina y la Isla Soledad. Con 52 años y tres hijos adolescentes, se subió al avión Hércules que lo trasladó hacia territorio insular. Su embarcación, al mando de la armada carecía de defensa y era blanco fácil para los británicos. El buque fue atacado cerca de las 22 del 10 de mayo de 1982, explotó y el agua lo tapó. Mientras miraban la TV en el living de su casa de La Plata, la familia entraba en desesperación con un comunicado de la junta que anunciaba la pérdida de contacto. Unos días después, la Armada lo confirmó. Néstor era tripero y es recordado por cada uno de los ex Combatientes que viajan 2000 kilómetros a las Islas con su bandera azul y blanca a recordar a los eternos custodios.



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El paisaje agreste es desértico, por más que sea verano el frío es intenso, las cientos de cruces blancas recuerdan a las víctimas identificadas y no reconocidas, la bandera azul y blanca representa a una institución y a una ciudad entera. Febrero de 2016, a 34 años de la Guerra, Claudio llega a territorio insular para simbolizar con su presencia a la única filial de un club formada por Ex Combatientes, como hacen cada año distintos integrantes y compañeros. En cada esquina de la ciudad, en cada pared de cada barrio, en esa laja del Campus, en cada retazo de bandera, en la geografía de las islas estampada en el pecho de la camiseta, en cada una de nuestras memorias. Ahí está Malvinas, para no olvidar jamás.

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En Roma, en Buenos Aires, en Bella Vista, en Tucumán, en Berazategui, en Bariloche, en La Plata, decenas de ciudades vieron correr la carrera con su nombre, el mismo que llevó la copa del Torneo 2013, aquel que vio a Gimnasia volver a Primera. Miguel jugaba al fútbol, hacía atletismo y trabajaba en el banco bonaerense, había llegado a esta provincia procedente del norte argentino, cuando la crisis del azúcar lo hizo emigrar a él y su familia hasta aquí. En los primeros días de 1978, cuando tenía 25 años y militaba en la Juventud Peronista, fue secuestrado por los militares y detenido en el centro clandestino El Vesubio de Ciudad Evita. En momentos de niñez, mientras el famoso Lobo del 62 brillaba en el Bosque con los Bayo, Ciaccia y compañía, Miguel Benancio Sánchez formaba parte de las divisiones inferiores de Gimnasia con el deseo de llegar. Pero nunca más llegó.



Juan Ignacio Varano